
Si un niño no come o come mal es porque no ha aprendido correctamente el hábito de comer. El problema está en que ha habido una falta de aprendizaje, por lo que una vez le enseñemos a comer de la manera adecuada habremos solventado el problema.
El método que vamos a explicar fue creado por el Doctor Eduard Estivill. Tras los espectaculares resultados obtenidos en el tratamiento del insomnio infantil con El Método Estivill, decidió poner esta metodología también en práctica con el hábito de la comida. Las cifras confirman que está teniendo el éxito esperado, ya que el tratamiento cuenta con un 98% de eficacia y puede acabar con los conflictos en una semana aproximadamente si se hace de manera rigurosa, por lo que los padres pueden confiar en que funcionará y lanzarse a la aventura.
OBJETIVOS
Hay dos objetivos principales en el aprendizaje correcto de comer bien:
1) Las formas: la actitud del niño ante la comida, el comportamiento que adopte ante el plato, el ritmo que mantiene y el aseo durante todo el proceso.
2) El fondo: que aprenda a valorar los distintos alimentos y la variedad de los sabores, que llegue a disfrutar del momento de la comida.
RECOMENDACIONES PREVIAS
1) Descartar la posibilidad de que haya un problema médico. Acudir previamente al pediatra para asegurarnos de que no hay disfunciones del aparato digestivo, como por ejemplo reflujo esofágico, vómitos, estreñimiento, etc.; o problemas psicológicos graves como anorexia, bulimia, ausencia de masticación, etc.
2) Reglas que no deben olvidar los padres:
a. Ningún niño se muere de hambre si tiene comida a su alcance.
b. Los niños pueden comer de todo. Está claro que todos tenemos nuestras preferencias, pero no hay ningún estudio científico que defienda que los niños no puedan probar determinados alimentos. Por esta razón, no debemos caer en el error de prepararle solamente aquellos alimentos que sabemos que se va a comer. Debe aprender a comer cualquier alimento.
c. Los niños no tienen por qué tener los mismos gustos que los padres, es decir, que a los padres no les guste un determinado alimento no quiere decir que el niño nazca predispuesto a rechazarlo. Las preferencias por las comidas no es algo que se hereda genéticamente.
d. Establecer una rutina y un ritual. El lugar y los horarios de las comidas deben ser siempre los mismos:
- En cuanto al lugar, debe ser un espacio relajado y agradable, en el que no haya televisión, o que ésta esté apagada, y en el que no haya juegos o distracciones similares para el pequeño.
- En cuanto al horario, hay que tener en cuenta que el cuerpo humano lleva incorporado una especie de reloj biológico que marca la pauta de las necesidades primarias de las personas, entre ellas la de comer. Por eso, es importante que nos rijamos por los horarios que nos marque este reloj. Los niños, hasta los 6- 7 meses de edad no tienen este reloj adaptado a los horarios o al ritmo de los adultos, por eso es conveniente que nos esperemos a esta edad para enseñarles este hábito. Ya a partir de los 6 meses, un horario aceptable podría ser darle el desayuno a las 8, la comida a las 12, la merienda a las 16 y la cena a las 20 para poder acostarlo sobre las 8,30 y favorecer también así el hábito del sueño. No es conveniente saltarse los horarios de comida ni darle de comer entre horas, principalmente mientras le enseñamos el hábito al niño.
e. Es importante ir paso a paso y sin desesperarse. No se enseña a comer a un niño en un día.
3) Cosas que no hay que hacer:
a. Fijar de antemano una cantidad determinada de comida que el niño deberá comerse a toda costa: ¡NO! --> Hay niños más comedores que otros. Incluso es mejor poner poca cantidad en el plato que le resultará más apetecible al niño.
b. Cambiar las horas de las comidas: ¡NO! --> Es importante establecer unos horarios. No es cierto que cualquier momento del día sea bueno para comer.
c. Permitirle picar entre horas: ¡NO! --> No dejarse llevar por la intranquilidad de que no está comiendo nada. Como ya hemos dicho, las personas por naturaleza tenemos hambre, por lo tanto es cuestión de tiempo que el niño venga a pedirnos comida y, cuando lo haga, se la daremos en el siguiente horario establecido.
d. Ir cambiando continuamente de alimentos tratando de encontrar lo que al niño le gusta o enmascarar los alimentos con otros sabores para adaptarlos al gusto del niño: ¡NO! --> El niño debe acostumbrarse a comer de todo.
e. Obsesionarse con el tema: ¡NO! --> El niño capta nuestra preocupación y nuestro nerviosismo, ingredientes que dificultan la adquisición de un hábito. Hay que confiar en el tratamiento y seguirlo al pie de la letra con seguridad y optimismo.
CONDICIONES INDISPENSABLES
Los dos factores imprescindibles para construir el buen hábito de comer son:
1) Preparar una serie de elementos externos que estarán presentes en cada una de las comidas que el niño va a hacer. A base de presentárselos siempre a las horas de la comida, llegará un momento en que con solo verlos el niño ya sabrá que ha llegado la hora de comer. Entre estos elementos podemos encontrar: sillita, babero, vaso, plato (con su ración preparada de una manera divertida) y cubiertos.
2) Actitud serena, firme y relajada mientras estamos enseñando el hábito a nuestro hijo. Los padres deben estar seguros y confiados de que la manera correcta de enseñar a su hijo a comer bien es justo la que van a seguir. Si el niño no actúa tal cual le decimos las primeras veces no nos pondremos nerviosos ni empezaremos a probar diferentes estrategias para conseguir que el niño coma, sino que confiaremos en que este método es el adecuado para enseñar este hábito e insistiremos en los pasos que nos hemos propuesto seguir, siempre con confianza, firmeza y paciencia.
EL MÉTODO
Una vez tengamos preparado el escenario de la comida (el lugar establecido con sus correspondientes elementos externos y a la hora acordada), procederemos a aplicar el método de la siguiente manera:
1) Mientras le llevamos al sitio establecido y le vamos sentando en su sillita, le vamos a ir informando de lo que va a comer en esa ocasión, de lo bueno que está y de lo seguros que estamos de que se lo va a comer bien.
2) En el momento clave: la comida.
a. Le llevamos la cuchara a la boca. En caso de que se la coma, le vamos reforzando por su esfuerzo y seguimos dándole la comida hasta que se la acabe. Si no se lo come, volvemos a coger comida del plato, se la volvemos a acercar a la boca y así sucesivamente.
Con muchísima paciencia y sin perder los nervios, aguantaremos así 3 minutos y si el niño no cede, no está comiendo nada, lo bajaremos de su sillita, recogeremos todos los elementos externos y le haremos ver que la hora de comer ha terminado. Nos dedicaremos a hacer nuestras cosas durante los 3 minutos siguientes, exactamente el mismo tiempo que hemos estado intentando que comiera.
b. Pasados los 3 minutos, reanudamos el proceso. Volvemos a sentar a nuestro hijo en la sillita, habiendo preparado previamente todo lo necesario, y empezamos a informarle de lo que va a comer a continuación y lo bueno que está. Nuestra actitud seguirá siendo relajada, segura y alegre, como si no hubiera pasado nada hasta ese momento. Probamos a llevarle la comida a la boca de nuevo. En caso de comérsela seguiremos dándosela sin problemas hasta que se la acabe, sin preocuparnos por el tiempo; en caso contrario, seguiremos llevándole el cubierto a la boca una y otra vez, insisto sin perder los nervios, hasta que pasen, en esta ocasión, 4 minutos. Terminado este tiempo volveremos a dar por terminado el tiempo de la comida: bajaremos al niño de su sillita, recogeremos todos los preparativos y pasaremos a dedicarnos a nuestras cosas durante, también, 4 minutos.
c. Por último, pasados estos 4 minutos, repetimos todo el proceso por última vez, pero en esta ocasión durante 5 minutos. Le prepararemos sus objetos necesarios para comer, le sentaremos en su sillita y le informaremos de lo que va a comer y lo bueno que está, como si nada hubiera pasado hasta entonces, como si cada vez que lo hiciésemos fuese la primera. Probamos a darle la comida y si no cede y no come, pasados los 5 minutos, le bajaremos de la silla, recogeremos todo y zanjaremos el tema hasta la hora de la siguiente comida. En caso de que empezara a comer, seguiríamos dándole la comida sin fijarnos en el tiempo.
3) Es importante que hasta la siguiente comida, que será a la hora que hayamos establecido previamente, no le demos nada de comer al niño, por mucho que nos lo pida, ni siquiera zumos, únicamente agua. Debe aprender a comer a sus horas y no cuando a él le apetezca.
4) Llegada la siguiente comida, repetiremos el proceso exactamente en el mismo orden, tal cual lo hemos explicado.
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El método que vamos a explicar fue creado por el Doctor Eduard Estivill. Tras los espectaculares resultados obtenidos en el tratamiento del insomnio infantil con El Método Estivill, decidió poner esta metodología también en práctica con el hábito de la comida. Las cifras confirman que está teniendo el éxito esperado, ya que el tratamiento cuenta con un 98% de eficacia y puede acabar con los conflictos en una semana aproximadamente si se hace de manera rigurosa, por lo que los padres pueden confiar en que funcionará y lanzarse a la aventura.
OBJETIVOS
Hay dos objetivos principales en el aprendizaje correcto de comer bien:
1) Las formas: la actitud del niño ante la comida, el comportamiento que adopte ante el plato, el ritmo que mantiene y el aseo durante todo el proceso.
2) El fondo: que aprenda a valorar los distintos alimentos y la variedad de los sabores, que llegue a disfrutar del momento de la comida.
RECOMENDACIONES PREVIAS
1) Descartar la posibilidad de que haya un problema médico. Acudir previamente al pediatra para asegurarnos de que no hay disfunciones del aparato digestivo, como por ejemplo reflujo esofágico, vómitos, estreñimiento, etc.; o problemas psicológicos graves como anorexia, bulimia, ausencia de masticación, etc.
2) Reglas que no deben olvidar los padres:
a. Ningún niño se muere de hambre si tiene comida a su alcance.
b. Los niños pueden comer de todo. Está claro que todos tenemos nuestras preferencias, pero no hay ningún estudio científico que defienda que los niños no puedan probar determinados alimentos. Por esta razón, no debemos caer en el error de prepararle solamente aquellos alimentos que sabemos que se va a comer. Debe aprender a comer cualquier alimento.
c. Los niños no tienen por qué tener los mismos gustos que los padres, es decir, que a los padres no les guste un determinado alimento no quiere decir que el niño nazca predispuesto a rechazarlo. Las preferencias por las comidas no es algo que se hereda genéticamente.
d. Establecer una rutina y un ritual. El lugar y los horarios de las comidas deben ser siempre los mismos:
- En cuanto al lugar, debe ser un espacio relajado y agradable, en el que no haya televisión, o que ésta esté apagada, y en el que no haya juegos o distracciones similares para el pequeño.
- En cuanto al horario, hay que tener en cuenta que el cuerpo humano lleva incorporado una especie de reloj biológico que marca la pauta de las necesidades primarias de las personas, entre ellas la de comer. Por eso, es importante que nos rijamos por los horarios que nos marque este reloj. Los niños, hasta los 6- 7 meses de edad no tienen este reloj adaptado a los horarios o al ritmo de los adultos, por eso es conveniente que nos esperemos a esta edad para enseñarles este hábito. Ya a partir de los 6 meses, un horario aceptable podría ser darle el desayuno a las 8, la comida a las 12, la merienda a las 16 y la cena a las 20 para poder acostarlo sobre las 8,30 y favorecer también así el hábito del sueño. No es conveniente saltarse los horarios de comida ni darle de comer entre horas, principalmente mientras le enseñamos el hábito al niño.
e. Es importante ir paso a paso y sin desesperarse. No se enseña a comer a un niño en un día.
3) Cosas que no hay que hacer:
a. Fijar de antemano una cantidad determinada de comida que el niño deberá comerse a toda costa: ¡NO! --> Hay niños más comedores que otros. Incluso es mejor poner poca cantidad en el plato que le resultará más apetecible al niño.
b. Cambiar las horas de las comidas: ¡NO! --> Es importante establecer unos horarios. No es cierto que cualquier momento del día sea bueno para comer.
c. Permitirle picar entre horas: ¡NO! --> No dejarse llevar por la intranquilidad de que no está comiendo nada. Como ya hemos dicho, las personas por naturaleza tenemos hambre, por lo tanto es cuestión de tiempo que el niño venga a pedirnos comida y, cuando lo haga, se la daremos en el siguiente horario establecido.
d. Ir cambiando continuamente de alimentos tratando de encontrar lo que al niño le gusta o enmascarar los alimentos con otros sabores para adaptarlos al gusto del niño: ¡NO! --> El niño debe acostumbrarse a comer de todo.
e. Obsesionarse con el tema: ¡NO! --> El niño capta nuestra preocupación y nuestro nerviosismo, ingredientes que dificultan la adquisición de un hábito. Hay que confiar en el tratamiento y seguirlo al pie de la letra con seguridad y optimismo.
CONDICIONES INDISPENSABLES
Los dos factores imprescindibles para construir el buen hábito de comer son:
1) Preparar una serie de elementos externos que estarán presentes en cada una de las comidas que el niño va a hacer. A base de presentárselos siempre a las horas de la comida, llegará un momento en que con solo verlos el niño ya sabrá que ha llegado la hora de comer. Entre estos elementos podemos encontrar: sillita, babero, vaso, plato (con su ración preparada de una manera divertida) y cubiertos.
2) Actitud serena, firme y relajada mientras estamos enseñando el hábito a nuestro hijo. Los padres deben estar seguros y confiados de que la manera correcta de enseñar a su hijo a comer bien es justo la que van a seguir. Si el niño no actúa tal cual le decimos las primeras veces no nos pondremos nerviosos ni empezaremos a probar diferentes estrategias para conseguir que el niño coma, sino que confiaremos en que este método es el adecuado para enseñar este hábito e insistiremos en los pasos que nos hemos propuesto seguir, siempre con confianza, firmeza y paciencia.
EL MÉTODO
Una vez tengamos preparado el escenario de la comida (el lugar establecido con sus correspondientes elementos externos y a la hora acordada), procederemos a aplicar el método de la siguiente manera:
1) Mientras le llevamos al sitio establecido y le vamos sentando en su sillita, le vamos a ir informando de lo que va a comer en esa ocasión, de lo bueno que está y de lo seguros que estamos de que se lo va a comer bien.
2) En el momento clave: la comida.
a. Le llevamos la cuchara a la boca. En caso de que se la coma, le vamos reforzando por su esfuerzo y seguimos dándole la comida hasta que se la acabe. Si no se lo come, volvemos a coger comida del plato, se la volvemos a acercar a la boca y así sucesivamente.
Con muchísima paciencia y sin perder los nervios, aguantaremos así 3 minutos y si el niño no cede, no está comiendo nada, lo bajaremos de su sillita, recogeremos todos los elementos externos y le haremos ver que la hora de comer ha terminado. Nos dedicaremos a hacer nuestras cosas durante los 3 minutos siguientes, exactamente el mismo tiempo que hemos estado intentando que comiera.
b. Pasados los 3 minutos, reanudamos el proceso. Volvemos a sentar a nuestro hijo en la sillita, habiendo preparado previamente todo lo necesario, y empezamos a informarle de lo que va a comer a continuación y lo bueno que está. Nuestra actitud seguirá siendo relajada, segura y alegre, como si no hubiera pasado nada hasta ese momento. Probamos a llevarle la comida a la boca de nuevo. En caso de comérsela seguiremos dándosela sin problemas hasta que se la acabe, sin preocuparnos por el tiempo; en caso contrario, seguiremos llevándole el cubierto a la boca una y otra vez, insisto sin perder los nervios, hasta que pasen, en esta ocasión, 4 minutos. Terminado este tiempo volveremos a dar por terminado el tiempo de la comida: bajaremos al niño de su sillita, recogeremos todos los preparativos y pasaremos a dedicarnos a nuestras cosas durante, también, 4 minutos.
c. Por último, pasados estos 4 minutos, repetimos todo el proceso por última vez, pero en esta ocasión durante 5 minutos. Le prepararemos sus objetos necesarios para comer, le sentaremos en su sillita y le informaremos de lo que va a comer y lo bueno que está, como si nada hubiera pasado hasta entonces, como si cada vez que lo hiciésemos fuese la primera. Probamos a darle la comida y si no cede y no come, pasados los 5 minutos, le bajaremos de la silla, recogeremos todo y zanjaremos el tema hasta la hora de la siguiente comida. En caso de que empezara a comer, seguiríamos dándole la comida sin fijarnos en el tiempo.
3) Es importante que hasta la siguiente comida, que será a la hora que hayamos establecido previamente, no le demos nada de comer al niño, por mucho que nos lo pida, ni siquiera zumos, únicamente agua. Debe aprender a comer a sus horas y no cuando a él le apetezca.
4) Llegada la siguiente comida, repetiremos el proceso exactamente en el mismo orden, tal cual lo hemos explicado.
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