miércoles, 2 de junio de 2010

NIÑOS TÍMIDOS

La timidez, aislamiento o retraimiento social es un problema que suele pasar desapercibido en numerosas ocasiones. Al tratarse de niños callados, tranquilos y nada problemáticos, suele obviarse la existencia de un problema y el hecho de que no causen problemas acaba interpretándose como que no los sufren.
Cuando hablamos de niños tímidos solemos encontrarnos con niños reflexivos, con buenos resultados escolares, que prefieren ver jugar a los demás o estar inmersos en sus propios pensamientos a involucrarse en la actividad del resto, etc. De hecho, suelen contar con una grandísima capacidad de introspección, es decir, viven tanto tiempo “metidos” en ellos mismos que controlan y comprenden sus sentimientos y emociones mejor que sus iguales.
No debemos confundir a un niño tímido con un niño deprimido o poco amistoso. En resumidas cuentas, un niño tímido probablemente quiera establecer cierto contacto con las personas que le rodean pero no dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo su propósito. Sin embargo, en el resto de áreas de su vida, aquellas en las que la interacción con los demás no entra en juego, se desenvuelve con normalidad; un niño deprimido o poco amistoso no tiene interés por relacionarse con los demás, de hecho en el caso del niño deprimido el desinterés en generalizado a todo aquello que le rodea.
En su acepción psicológica más clásica, la timidez se utiliza para referirnos a “aquellos niños con un patrón de conducta caracterizado por un déficit acusado en las relaciones interpersonales y una tendencia estable y acentuada de escape o evitación del contacto social con otras personas”.
La timidez no es siempre objeto de preocupación. A ciertas edades es evolutiva y, por lo tanto, está dentro de la normalidad actuar tímidamente. Por ejemplo, el temor a la evaluación de los iguales y la evitación de ciertas situaciones sociales es muy habitual en niñas y niños en plena adolescencia. Normalmente ello no supondrá mayores consecuencias en el futuro y es de esperar que se vaya corrigiendo al entrar a la edad adulta. No obstante, en algunas ocasiones, la timidez puede tener continuidad en trastornos ya más severos como la fobia social o el trastorno de personalidad de evitación.

¿QUE CAUSA LA TIMIDEZ?

Hay muchas teorías explicativas acerca de las causas de la timidez. Desde la corriente cognitivo-conductual se da una importancia especial a aquellas que defienden que la timidez es provocada por una falta de aprendizaje.
La teoría del aprendizaje asume que la timidez o el retraimiento social es fruto de una carencia de este aprendizaje o un aprendizaje incompleto o defectuoso.


Dentro de estas teorías se han utilizado principalmente 2 hipótesis:

1) La teoría del déficit de habilidades: según esta teoría los problemas de los niños tímidos se deben a que no han llegado a aprender las habilidades sociales necesarias para iniciar o mantener relaciones sociales.

2) La teoría de interferencia: esta segunda teoría afirma que hay niños que a pesar de disponer de las habilidades necesarias para establecer relaciones sociales, no son capaces de ponerlas en práctica porque algún factor emocional puede estar interfiriendo. El temor, la ansiedad, el miedo, las autoverbalizaciones negativas, las creencias irracionales, la baja autoestima, etc., son algunos ejemplos de estos factores emocionales interfirientes.. Es importante conocer exactamente estos factores internos para poder ayudar eficazmente al niño tímido.

¿COMO PODEMOS DETECTAR LA TIMIDEZ?

Algunas señales claras para no pasar por alto problemas de timidez entre los más pequeños son las siguientes:
1-Déficit o carencia de conductas interactivas: esto es debido a un escaso repertorio en habilidades sociales. El niño tiene problemas para relacionarse con iguales o adultos. No participa ni pregunta en clase, le cuesta iniciar conversaciones con otros niños o tomar la iniciativa en cualquier actividad. Se muestra reservado y distante. Pueden también estar presentes una pasividad excesiva, aislamiento, baja asertividad, escasa capacidad de expresión emocional, inseguridad, lentitud y sumisión al grupo.
2-Conductas de temor, miedo o ansiedad: este tipo de conductas de ansiedad suele aparecer cuando el niño debe llevar a cabo alguna actividad en presencia de otras personas, las cuáles podrían acabar realizando una evaluación negativa sobre él. Acompañando a estos temores solemos encontrar sensaciones fisiológicas como temblores, rubor, tartamudeo, dolores estomacales, etc. Lo peor es la falta de autocontrol que puede experimentar el niño ante estos episodios, lo que le puede llevar a evitar activamente situaciones concretas.
3-Problemas relativos a su autoestima: el sufrimiento que siente el niño debido a su timidez puede llevarle a desarrollar otros problemas afectivos, desde una baja auto-estima hasta una depresión. Podremos detectar este tipo de problemas a través de verbalizaciones o conductas del niño que nos muestren sentimientos de culpa, indefensión, inseguridad, inferioridad. También pueden darse quejas psicosomáticas (dolores de estomago, mareos, dolor de cabeza, etc.) en algunas ocasiones para evitar las situaciones temidas.

¿COMO PODEMOS “ATACAR” A LA TIMIDEZ?

Antes de nada, es importante que hagamos una pequeña reflexión. Un niño tímido extrañamente llegará a convertirse en el líder del grupo o el alma de la fiesta, y ¡esto no tiene nada de malo!. Es exactamente igual que si tratásemos de convertir en un científico de la NASA a un niño con un coeficiente intelectual bajo.
Como ya hemos mencionado anteriormente, lo importante es que el niño se sienta a gusto consigo mismo y que no se vea limitado a la hora de establecer relaciones sociales con los demás. Siempre que consigamos estos objetivos habremos tenido éxito.
Para lo cual vamos a hacer lo siguiente:
1) Es importante conocer, en primer lugar, en qué punto se encuentra el niño. Hacer una buena evaluación, que nos cuente con detalle cómo se siente y qué dificultades tiene para poder establecer posteriormente unos objetivos parciales adecuados a sus posibilidades.
2) Entrenamiento en habilidades sociales: entrenar con el niño aquellas habilidades sociales, que como comentábamos anteriormente, no ha llegado a aprender. Por ejemplo, cómo acercarse a sus iguales, como iniciar una conversación, etc. Practicar con él cada una de estas habilidades, primero en frío (practicar la habilidad en sí) y luego de manera contextualizada (teniendo en cuenta las circunstancias y poniéndonos en situación).
3) También puede ser de utilidad un entrenamiento en autoinstrucciones.
4) Conforme el niño va estando más capacitado para interactuar con los demás, debemos ir planificando actividades sociales de forma progresiva, empezando por las situaciones de menor dificultad, como un encuentro con un amigo, hasta llegar a las de mayor dificultad, como un cumpleaños con muchos niños.
Es importante que el niño haya superado con éxito cada una de las situaciones planificadas antes de pasar a la siguiente.
5) Podemos utilizar técnicas conductuales para conseguir que el niño se enfrente a las situaciones que teme, entre ellas el modelado, el refuerzo positivo, la economía de fichas, etc.
En concreto, el modelado suele ser bastante efectivo: consiste en utilizar un colaborador de su misma edad que tenga más facilidad para interactuar con los iguales y que le sirva de modelo y de apoyo en estas situaciones sociales.
6) Reestructuración cognitiva: en el caso de que el niño disponga de las habilidades necesarias pero no se atreva a ponerlas en práctica por el hecho de que algún factor emocional esté interfiriendo, deberemos detectar de qué factores se trata, qué pensamientos inadecuados están perjudicando al niño y sustituirlos por otros más adecuados y facilitadores.
7) En algunos casos, puede ser de utilidad realizar un entrenamiento en técnicas de relajación.
8) Conforme vayamos consiguiendo cambios en un ámbito debemos ir generalizando los resultados al resto de ambientes: casa, colegio, actividades extraescolares, etc.
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TDAH

El TDAH (trastorno por décifit de atención e hiperactividad) es un trastorno neurobiológico innato (enfermedades del SNC y periférico) con una carga genética importante que afecta de forma variada y persistente la vida de quienes lo padecen.

Se caracteriza por tres distintos tipos de síntomas:
- Dificultades en el rendimiento atencional (inatención) : “deja incompleta sus tareas, comete errores por descuidos, se distrae con facilidad, …”
- Dificultades en regular el nivel de actividad (hiperactividad): “no se queda quieto en su silla, está continuamente haciendo algo con las manos, habla sin parar, …”
- Dificultades en el control de los impulsos (impulsividad): “contesta antes que se haya terminado de hablar, interrumpe en las conversaciones, no puede esperar su turno, …”

Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas).

Tiene repercusión en varias áreas de la vida del niño, como el rendimiento escolar o la interacción social.
Se estima en forma conservadora, que entre un 3% y un 7% de los niños en edad escolar lo padecen, de los cuales, hasta un 50% siguen sufriéndolo en la edad adulta.
En los varones, el TDAH se da 3 veces más que en las niñas.
Es el trastorno más frecuente en las consultas clínicas y, por esto, el más estudiado en los últimos 20 años.

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un trastorno frecuente entre los pequeños. Puede desencadenarse desde una edad bastante temprana, como los 3 años, sin embargo, es detectado principalmente a partir de los 6 años, momento en que el niño comienza a verse limitado en labores escolares que requieren de su atención y concentración.

CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO DE TDAH

A. Debe cumplirse el criterio 1 o 2:

1) Seis (o más) de los siguientes síntomas de desatención han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo:

Desatención:
a. A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares o en otras actividades.
b. A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas.
c. A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.
d. A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares, encargos u obligaciones en el colegio (no se debe a un comportamiento rebelde o incapacidad para comprender instrucciones).
e. A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
f. A menudo evita, le disgusta o le cuesta dedicarse a tareas o actividades (por ejemplo, juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros, etc.).
g. A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades (por ejemplo, juguetes, ejercicios escolares, lápices, libros, etc.).
h. A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
i. A menudo es descuidado en las actividades diarias.

2) Seis (o más) de los siguientes síntomas de hiperactividad-impulsividad han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo:

Hiperactividad:
a. A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
b. A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera que permanezca sentado.
c. A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud).
d. A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
e. A menudo “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor.
f. A menudo habla en exceso.

Impulsividad:
a. A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas.
b. A menudo tiene dificultades para guardar turno.
c. A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (por ejemplo, se entromete en conversaciones o juegos).

B. Algunos síntomas de hiperactividad-impulsividad o desatención que causaban alteraciones estaban presentes antes de los 7 años de edad.

C. Algunas alteraciones provocadas por los síntomas se presentan en dos o más ambientes (por ejemplo, en la escuela y en casa).

En general se aceptan principalmente cuatro subtipos conforme la importancia de los síntomas de inatención e hiperactividad:
- Tipo Predominantemente Inatentivo.
- Tipo Predominantemente Hiperactivo-Impulsivo.
- Tipo Combinado.
- Tipo No Específico (se utiliza para casos en los que no puede clasificarse
apropiadamente entre los tres anteriores y no es prudente utilizar otra forma de clasificación psiquiátrica conocida).

Es un trastorno crónico. Los síntomas de hiperactividad sí que suelen ir disminuyendo con el paso del tiempo, sin embargo, los síntomas de inatención suelen mantenerse en la vida adulta. Precisamente, por la cronicidad del problema, su temprana detección e intervención son fundamentales.

ETIOLOGÍA

Aunque existen diferentes teorías explicativas del origen del trastorno, se considera la causa biológica (orgánica) como principal responsable, entendiéndose esta como un desequilibrio químico en las áreas cerebrales involucradas en la atención y el movimiento.

Se ha demostrado también que la herencia genética es el principal predisponente para desarrollar TDAH.

El TDAH no es causado por alergias alimentarias, problemas familiares, una pobre educación, malos profesores o escuelas inefectivas.

TRATAMIENTO

El tratamiento para el TDAH consta de un enfoque multidisciplinar. El éxito del tratamiento dependerá de la edad del niño, de la severidad del diagnóstico y de la precocidad del mismo.

El tratamiento farmacológico es fundamental en la mayoría de casos. Es importante seguir las indicaciones del psiquiatra en cuanto a dosis y frecuencia. Paradójicamente, se suelen utilizar estimulantes, principalmente el metilfenidato. Lo que se estimula son aquellas áreas del cerebro encargadas de regular la concentración y las conductas impulsivas.

El tratamiento psicológico se basa en:
- Un programa de tratamiento con técnicas operantes, de autocontrol, habilidades sociales, autoinstrucciones y solución de problemas, que se realizará directamente con el niño.
- También incluye una parte de psicoeducación para los padres con el fin de evitar que adopten un estilo educativo demasiado negativo y punitivo y que se culpabilicen por la situación, además de proporcionarles un aumento del conocimiento de este trastorno.

El tratamiento psicopedagógico y escolar: corresponde a la mejora de las dificultades que pueda encontrar el niño en la escuela debido a su dificultad para mantener la atención y su necesidad continua de movimiento. Por esta razón, el contacto mantenido entre profesores, padres y psicólogo es imprescindible.

¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES?

- Entender el problema ante el que nos encontramos. Ser conscientes de que el comportamiento de su hijo se debe únicamente al trastorno que padece (no lo hace por maldad, para ponerles nerviosos ni para llamar la atención).
- Desarrollar expectativas realistas: no podemos pedirle las mismas cosas a un niño con TDAH que a otro sin este problema.
- Estructurar las tareas y dividirlas en varias partes con sus respectivos breves descansos.
- Fomentar las potencialidades del niño: apuntarle a actividades extraescolares, como algún deporte, clases de dibujo, etc.
- Normas e instrucciones claras, breves, a ser posible que estén presentes de forma visible (carteles, señales), que el niño pueda repetir en voz alta al ir a realizar la tarea cada vez que vaya a realizarla (carecen de perspectiva de futuro).
- Elaborar un horario y ceñirse a él: para un niño con TDAH es más fácil seguir una rutina. Intentar mantenerlo los fines de semana e, incluso, en vacaciones.
- Reforzar, de manera inmediata, conductas adecuadas de atención y tranquilidad, teniendo en cuenta que nunca llegarán a ser a ser como las de un niño sin TDAH. Por lo tanto, deberemos premiar cualquier paso o acercamiento hacia la conducta deseada.
Es importante cambiar continuamente los reforzadores, por la mayor tendencia de habituación de estos niños.
- Castigar conductas de hiperactividad, impulsividad o inatención, con tiempo fuera o coste de respuesta. Mantenerse constante en los castigos.
Es importante empezar reforzando, durante al menos dos semanas, antes de empezar con los castigos. El niño tiene que saber qué se le pide y en qué situaciones antes de empezar a recibir castigos por su mal comportamiento.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el niño debería recibir más premios que castigos. Con estos niños es muy fácil caer en un castigo continuo debido a la naturaleza de su problema, la hiperactividad, pero tenemos que tratar de valorar los esfuerzos que hace por normalizar su conducta y no hacer caso a algunos comportamientos leves de inquietud que el niño no puede evitar.
- Practicar la técnica de las autoinstrucciones o ejercicios que fomenten el autocontrol (como la historia de Juan- Tortuga).
- Entrenar al niño en relajación.
- Utilizar un lenguaje positivo.
- Evitar las etiquetas: eres malo. Es mejor decir que el niño tiene comportamientos inadecuados a decir que es malo. Un comportamiento se puede cambiar, pero modificar la forma de ser de uno mismo es más complicado..
- Acercarnos a él con ganas de ayudarlo, verle como un niño que tiene un problema, no como un niño problemático.
- Evitar la acusación, la ridiculización y la falta de respeto: para expresar sentimientos negativos, cuando estamos enfadados con él, es mejor utilizar fórmulas como “yo me siento… cuando tú haces… porque…” (yo me siento triste cuando no terminas los deberes porque veo que no aprendes todo lo que podrías).
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LOS NIÑOS Y LAS FIESTAS

Las fiestas son importantes para el desarrollo del niño. Es una buena manera de que avancen en su desarrollo social y afectivo. Las fiestas les enseña a compartir, a participar y colaborar en las actividades de la fiesta, a disfrutar de la compañía de otros niños, a vivenciar relaciones y situaciones, a aceptar con más facilidad las normas establecidas, y a valorarse a sí mismo y a los demás. Será muy bueno para aumentar su autoestima, a desarrollar su pensamiento creativo, y a ampliar sus relaciones sociales.

ASPECTOS A TENER EN CUENTA

- Ser un buen ejemplo para nuestros hijos. Por mucho que les pese a algunos padres, siguen siendo padres incluso en fiestas y hay que llevar cuidado con la imagen o el modelo que estamos siendo para nuestros hijos. Los niños son como esponjas y si nos ven a los adultos, principalmente a los padres, ¡perder la cabeza! interpretarán que en fiestas “todo vale”. Por lo tanto, en la medida de lo posible, y mientras nuestros hijos estén presentes, no debemos darles mal ejemplo.
- Tratar de conservar, en la medida de lo posible, los horarios de los pequeños. La hora de acostarse y levantarse se verá modificada seguramente (aunque es importante que duerman sus horas para que luego estén más tranquilos durante el día), pero las horas de las comidas es mejor mantenerlas, dentro de las posibilidades, para no trastocar demasiado las costumbres de los niños, principalmente cuanto más pequeños sean.
- Evitar que ingieran demasiado dulce, como chucherías, coca-cola, chocolate, etc., que les hace estar más excitados, inquietos e, incluso, irritables. Las fiestas ya les hacen estar eufóricos como para encima sobrecargarlos de sustancias que aumentan estas sensaciones.
- Podemos aprovechar también las fiestas para enseñarles a administrarse económicamente. En lugar de comprarles aquellos que pidan o de darles dinero cada vez que quieran algo, podemos acordar con ellos una especie de paga diaria. De esta manera sabrán que ese es el dinero que tienen y aprenderán a tomar decisiones acerca del momento de gastarlo y en qué.
- Fomentar el contacto con los demás niños. Las fiestas son una oportunidad estupenda para practicar la interacción social. Los niños están más relajados y más contentos y pueden poner en marcha mecanismos de socialización que de normal no utilizan.
- En cuanto al tema del horario, no hay una regla fija que nos permita decidir la hora de llegada a casa. Dependiendo de las características del niño, del estilo educativo de los padres, del lugar donde se vive, etc., determinaremos una hora de llegada u otra. En mi opinión es más importante que se cumpla la hora acordada que establecer la hora de llegada. Incluso, podemos utilizar el que nuestros niños quieran que les dejemos llegar más tarde para conseguir un buen comportamiento durante el resto de las fiestas. Que haya una negociación y el niño vea que tenemos en cuenta su opinión también les hace sentirse más responsables y consecuentes.
- Enseñarles a vivir el día de la fiesta. Conforme vayan creciendo empezarán a querer disfrutar de las fiestas sólo por la noche, por lo que, de momento, que aprendan a sacar provecho a las fiestas durante el día puede ser buena idea para que los pequeños aprendan las tradiciones de su pueblo.
- Incluso, podemos buscar también el aspecto educativo de las fiestas y aprovechar para contarles la historia de nuestro pueblo y el significado de éstas. Fomentaremos así el sentimiento de pertenencia a una cultura, a unas costumbres y a unas tradiciones.
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HIJOS DE PADRES SEPARADOS

Un hombre y una mujer, casados y con hijos, forman dos tipos de relaciones: por un lado, son una pareja conyugal y, por otro, una pareja parental. En el momento que deciden separarse, sea por el motivo que sea, dan por finalizada su relación conyugal, pero siguen formando parte de la relación parental, función que van a tener que seguir ejerciendo conjuntamente para el resto de sus vidas.

Por esta razón, es importante que los dos progenitores sean conscientes de esta nueva circunstancia: ambos van a tener que seguir preocupándose de la educación y el cuidado de sus hijos ¡juntos!.
La parte económica y los regímenes de visitas suelen quedar acordados de una manera o de otra, sin embargo, la parte más emocional puede quedar ligeramente en segundo plano durante un tiempo. Hay que llevar mucho cuidado con los sentimientos de los hijos en estas ocasiones, porque es precisamente al principio de la nueva situación cuando más desorientados y confusos se sienten.

¿QUÉ COSAS DEBERÍAMOS TENER EN CUENTA?

- En primer lugar, los padres deberían tener una conversación con sus hijos para explicarles la nueva situación y los cambios que esta va a producir. Las principales preocupaciones de los hijos de padres separados, sobre todo si son pequeños, suelen centrarse en sentimientos de culpabilidad por la separación de los padres, incertidumbre sobre la nueva situación, miedo de ser abandonado o no querido, etc. Por esta razón, es importante hacer hincapié en que ellos no son culpables ni responsables de la separación y que ambos padres van a seguir queriéndoles y cuidando de ellos.
- En la medida de lo posible, sería aconsejable mantener la rutina de los hijos, es decir, evitarles un cambio de domicilio, de ciudad, de colegio, de amistades, etc. Con la nueva situación familiar tienen más que suficiente.
- Los padres deberán ser pacientes consigo mismos y con el comportamiento de sus hijos. Todos los miembros de la familia van a necesitar un período de adaptación a las nuevas circunstancias. No hay que pretender que la vida de todos sea perfecta como si nada hubiera pasado.
- El estilo educativo de los padres va a ser el mismo. No conviene ser más permisivo con los hijos para compensarles el sufrimiento que puedan estar pasando. Tampoco es aconsejable que el progenitor que lo ve menos le permita más privilegios cuando está con él. Las normas deben seguir siendo las mismas en casa de ambos padres.
- Es importante que los padres no caigan en el frecuente error de convertir al hijo en moneda de cambio, es decir, por norma general la relación entre ambos progenitores tras el divorcio suele estar bastante deteriorada y, cuanto más o cuanto menos, tratan de hacerse daño el uno al otro. En ocasiones utilizan a los hijos para conseguir este propósito, por ejemplo, no dejando que se vayan con el padre no custodio, tratando de ponerles en contra del otro a la menor oportunidad, utilizándoles para enviar mensajes al otro, etc. Esto provoca mucha ansiedad en los hijos y les hace sentirse presos de una triangulación afectiva de la que no saben cómo salir.
- Tratar de evitar que los hijos presencien riñas y discusiones entre los padres. No es cuestión de que vivan metidos en una burbuja, los niños se dan cuenta de más cosas de las que pensamos, pero una cosa es que sepan que hay diferencias entre sus padres y otra que sean espectadores de las mismas.
- Es aconsejable ayudar a los hijos a expresar sus sentimientos dolorosos, nunca cargarles con los propios problemas, evitar malos comentarios del otro progenitor en su presencia, responder con honestidad a sus preguntas…
- En caso de nuevas parejas por parte de alguno o de ambos progenitores, debemos tener en cuenta dos cosas:
o Vamos a necesitar, de nuevo, un período de adaptación, en el que la pareja del progenitor y los hijos de éste irán conociéndose y aprendiendo a convivir poco a poco. No podemos acelerar la aparición del sentimiento de cariño de unos a otros, surgirá a base de compartir tiempo y experiencias juntos.
o Los niños deben ser conscientes de que la pareja de uno de sus padres no pretende suplantar a su verdadero padre. Son ellos, el padre o la madre, inevitablemente, los que tendrán que ofrecerles esta información tan valiosa. Va a ser de gran ayuda porque les evitarán a sus hijos sentimientos de traición hacia el otro padre.

POSIBLES REPERCUSIONES EN LOS HIJOS

Varios estudios de psicología infantil desarrollados en Estados Unidos y la Unión Europea han demostrado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que posteriormente, cuando vive sólo con uno de los dos y ve al otro en un nuevo ambiente e, incluso, con una nueva pareja.
Sin embargo, a corto plazo tras el divorcio, pueden aparecer diferentes reacciones en los hijos. Es frecuente que muchos de estos problemas, detectados tras la separación, estuviesen presentes antes de la ruptura.
Las repercusiones de la separación en los hijos, especialmente si va precedida de conflictos entre los padres, abarca un amplio espectro, pudiendo presentar: confusión, depresión, ansiedad, ira, regresión, bajo rendimiento escolar, fugas, delincuencia, quejas somáticas.
Estas reacciones varían mucho de acuerdo a la edad, al temperamento y a la habilidad de los padres para hacer sencilla y llevadera esta situación; los efectos negativos del proceso son más dramáticos durante los primeros dos años.
- Los niños menores de tres años pueden reflejar la angustia, tristeza y preocupación de los padres. Frecuentemente se muestran irritados, llorosos, miedosos, agresivos y pueden manifestar problemas de sueño y gastrointestinales así como una regresión en su desarrollo.
- Entre los 4 y los 5 años de edad, a menudo los pequeños se culpan por la infelicidad de los padres, temen ser abandonados y presentan pesadillas y fantasías.
- Los niños en edad escolar pueden estar tristes y preocupados, mostrarse agresivos y temperamentales, con sentimientos frecuentes de abandono. Como consecuencia de esto, su rendimiento escolar se ve muy disminuido. Para ayudar al niño debiera existir una estrecha comunicación entre padres y profesores, especialmente el primer año post separación. De esta forma pueden compararse los cambios emocionales que ocurren tanto en la casa como en el colegio y ver qué se puede hacer al respecto.
- Los adolescentes experimentan una bajada en su autoestima y pueden desarrollar una autonomía emocional prematura, es decir, comportamientos sexuales inapropiados, abuso de sustancias como drogas, tabaco o alcohol, depresión e incluso comportamientos delictivos.
- A cualquier edad, y con frecuencia, los hijos pueden presentar síntomas psicosomáticos como una respuesta a la cólera, a la sensación de pérdida y abandono y a otros estresantes.

Estas son solo algunas recomendaciones generales. Dependiendo de las características de cada familia y de cada proceso de separación o divorcio habrá que trabajar con los hijos de una manera más específica.
Es evidente que tanto el padre como la madre estarán pasando un período de confusión y sufrimiento, pero hay que tratar de proteger y ayudar a los hijos en este proceso en la medida de lo posible.
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martes, 25 de mayo de 2010

DEPRESIÓN INFANTIL

La depresión es un trastorno que también puede encontrarse en niños. Durante muchos años se pensó que los niños no podían deprimirse pero finalmente se le acabó dando a este trastorno la importancia que merece.
La depresión de define como un complejo y sofisticado grupo de pensamientos, emociones y conductas que aparece ante una pérdida de reforzadores subjetivamente importante, cuando no se poseen las habilidades necesarias para afrontarla exitosamente (Sevillá y Pastor, 1996).

¿QUÉ PROVOCA UNA DEPRESIÓN?

La depresión puede ser causada por multitud de razones, pero todas ellas podrán definirse como una pérdida de reforzadores. Cuando el niño pierde uno o varios aspectos positivos e importantes de su vida puede caer en una depresión. Más que lo que pierde en sí es el significado o la importancia que “eso” tiene para él.

Entre los reforzadores podemos encontrar:

- Pérdida de reforzadores positivos, como por ejemplo, su muñeco favorito.
- Aumento de la aversividad (enfermedad física, otro problema psicológico), que hace que los reforzadores pierdan potencia.
- Ruptura de cadenas conductuales, por ejemplo, un cambio de colegio.
- Pérdida de reforzadores simbólica, como puede ser la muerte de un conocido.

¿COMO PODEMOS DETECTAR UNA DEPRESIÓN?

Los síntomas que caracterizan a los niños deprimidos son los siguientes:

- Estado de ánimo depresivo (melancólico, triste, pesimista).
- Irritabilidad.
- Anhedonia (pérdida de interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades).
- Llanto fácil.
- Quejas somáticas, como dolor de cabeza.
- Falta o exceso de sueño.
- Falta o exceso de apetito.
- Cambios en el peso.
- Agitación o enlentecimiento psicomotor.
- Ideación suicida.
- Dificultades para concentrarse.
- Sentimiento de no ser querido.
- Baja autoestima.
- Aislamiento social.

TRATAMIENTO

La depresión es un trastorno complejo y, como tal, requiere de una evaluación y un tratamiento complejos. En el caso de detectar un problema grave de depresión en tu hijo, principalmente si han aparecido ideas de suicidio, acude a un profesional. Si lo que observas son algunos síntomas leves, puedes probar varias técnicas que ayudarán al pequeño a encontrarse mejor. De todas las estrategias disponibles vamos a explicar aquellas que mejores cambios producen, sin embargo puedes utilizar muchas más. De momento puedes empezar con lo siguiente:

- Una parte importante del estado de ánimo deprimido son los pensamientos negativos sobre uno mismo, los demás y el mundo. El niño se encuentra en un punto crítico, lo ve todo negro, cree que nada le sale bien, que es un desastre y que nada ni nadie merece la pena. Por lo tanto, una parte del tratamiento irá destinada a detectar estos pensamientos, analizarlos y modificarlos por otros más racionales y adecuados. Para este fin utilizaremos la terapia cognitiva, técnica que consiste en someter a juicio estos pensamientos automáticos para restarles credibilidad e importancia. No vamos a pretender convencer al niño de que lo que piensa no es cierto, lo que queremos es quitarle fuerza al pensamiento. De primeras, con que lo ponga en duda habremos ganado muchísimo. Por otro lado, el pensamiento alternativo no debe ser de color de rosa, debe ser realista.

- La otra técnica de elección para el tratamiento de la depresión es la planificación de actividades agradables. Ya hemos dicho que la causa de la depresión seguramente sea la pérdida de reforzadores, por lo que debemos devolverle al niño estas cosas positivas con las que él contaba. Cada niño tendrá su propia lista de actividades agradables por lo que el primer paso será elaborar esta lista con él y posteriormente ir introduciéndola en su vida diaria, eso sí, de manera coherente y progresiva. Empezaremos con dos o tres actividades a lo largo de la semana. Conforme vaya realizando estas actividades podremos ir introduciendo otras. No se trata de saturar al niño de actividades, sino de ir motivándole a ponerse en marcha poco a poco haciendo aquello que le gusta.
Parece antinatural que lo que proponemos sea hacer actividades cuando la persona lo que quiere es precisamente permanecer lo más pasivo posible, debido al estado anímico en que se encuentra. Sin embargo, el hacer cosas, el salir, el interactuar con los demás, es precisamente lo que nos aporta cosas buenas, entretenidas y agradables, por lo que, aunque en un principio nos tengamos que obligar pronto empezaremos a recibir todas esas cosas buenas y entraremos en una inercia positiva.

Como decíamos, aparte de estas técnicas podemos emplear muchas otras:

- Técnicas para el control del insomnio.
- Relajación.
- Aumento de la autoestima.
- Entrenamiento en habilidades sociales.
- Resolución de problemas.
- Entrenamiento en autocontrol, etc.
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ESTILOS EDUCATIVOS PARENTALES

En cada familia existe una forma particular de educar a los hijos. A la forma de actuar de los adultos respecto a los niños ante situaciones cotidianas, cuando hay que tomar decisiones sobre ellos o resolver algún conflicto se le llama estilo educativo.

En los estudios sobre el tema se han destacado dos aspectos fundamentales para la definición de estos estilos:

1º La exigencia paterna, que se refiere al rigor del control paterno. Los padres difieren en el grado de control de las conductas de sus hijos y en la exigencia de acatar las normas. El control es un continuo y no existen familias puras de uno u otro estilo, sino tendencias educativas al mayor o menor control.

2º La disponibilidad de respuesta, que se refiere al grado en que los padres responden a las necesidades de sus hijos, al nivel de implicación afectiva y a la accesibilidad que muestran. Como en el caso anterior vamos a encontrarnos con un continuo, desde padres y madres con una gran disponibilidad de respuesta, a otros con muy poca, pasando por todos los grados intermedios.

Hay 4 tipos de estilos educativos, que se diferencian, como hemos comentado, en función del control ejercido por los padres y el afecto mostrado a los hijos:

1) El estilo autoritario: caracterizado por mucho control y poco afecto --> “los niños tienen el deber de comportarse del modo adecuado”.

2) El estilo permisivo: que destaca por el escaso control ejercido por los padres y un afecto variable --> “cada uno tiene que aprender por sí mimo, la vida es la mejor escuela”.

3) El estilo sobreprotector: en el que destacan poco control y mucho afecto --> “el deber de los padres es evitar todo malestar y sufrimiento a sus hijos”.

4) El estilo asertivo: caracterizado por mucho afecto y un control equilibrado según la edad ?--> “los niños necesitan guía y supervisión, pero tienen que aprender por las consecuencias de sus actos”.

Cada estilo educativo tiene unas características específicas a la hora de desempeñarlo y unas consecuencias en el desarrollo de nuestros hijos:

1) Estilo autoritario:

Normas abundantes y rígidas --> Rebeldía por impotencia
Exigencia sin razones --> Actitud de huída o engaño
Más castigos que premios, --> Rigidez
Críticas a la persona --> Baja autoestima y escasa autonomía
Poco control de impulsos de los adultos
No diálogo ni negociación --> Agresividad y/o sumisión

2) Estilo permisivo:

Sin normas o no las aplican--> Inseguridad, inconstancia
Mucha flexibilidad en horarios, rutinas --> Falta de confianza en sí mimos
Evitación de conflictos, dejar hacer --> Bajo rendimiento escolar por falta de esfuerzo
Delegan en otros la educación de los niños
Ni premios ni castigos: indiferencia --> Baja tolerancia a la frustración
No hay modelos de referencia --> Cambios de humor frecuentes

3) Estilo sobreprotector:

Pocas normas o no se aplican por considerar que no están preparados --> Dependencia
Concesión de todos los deseos --> Baja tolerancia a la frustración
Excesivos premios, no castigos --> Inseguridad, baja autoestima
Justifican o perdonan todos los errores --> Actitudes egoístas
Intento de evitar todos los problemas --> Escaso autocontrol

4) Estilo asertivo:

Normas claras y adecuadas a la edad --> Buen nivel de autoestima
Uso razonable de premios y castigos --> Adquisición sentido de la responsabilidad
Uso del refuerzo verbal positivo
Estimulo de autonomía e independencia --> Aprendizaje para tomar decisiones
Control externo-control interno --> Aprendizaje y respeto de normas
Uso del diálogo y la negociación --> Aprendizaje de la socialización

La tendencia a seguir sería buscar un acercamiento al estilo asertivo. Es importante que nuestros hijos se sientan queridos y aceptados pero que tengan a la vez unas normas y unos límites impuestos sobre los que basar su conducta y el desarrollo de su personalidad. Al contrario de lo que muchos padres creen, poner límites a los niños les hace sentirse seguros y queridos. Está claro que en ocasiones preferirían hacer las cosas a su antojo pero ejercer de padres ante ellos les hace sentir que nos preocupamos por ellos.


CUESTIONARIO SITUACIÓN-PROBLEMA (con las respectivas soluciones)

Las siguientes cuestiones describen pequeños y grandes problemas a los que, a menudo, te has enfrentado, te enfrentas o puedes enfrentarte en la educación y crianza de tus hijos. Usa tu experiencia y rodea la contestación que darías tú si estuvieses en esa situación. Subraya después la contestación que consideras más adecuada.

1. Cada vez que la madre de Quique ve la televisión, él comienza a hacer ruido, de tal forma que le impide ver su programa favorito. ¿Qué harías tú si fueses su madre?.

a) Enfadarme y reprenderle cada vez que hace ruido. AUTORITARIO
b) Prestarle atención y alabarle cuando juegue tranquilamente y no hacerle caso cuando haga ruido. ASERTIVO
c) Dejo de ver la televisión pues mi hijo requiere mi atención. SOBREPROTECTOR
d) Apago la televisión y me dedico a otra cosa. PERMISIVO

2. Quieres que tu hijo haga los deberes en casa. ¿Qué harías tú?.

a) Decirle: "Cuando acabes tus deberes podrás ir al parque". ASERTIVO
b) Decirle: "Si no haces la tarea, mañana no bajarás al parque". AUTORITARIO
c) Decirle: "Como no hagas tus deberes me enfadaré". AUTORITARIO
d) Decirle: "Venga, me siento contigo y los hacemos juntos". SOBREPROTECTOR

3. Un padre le dice a su hija que no puede ir con él ya que no ha cumplido su promesa de limpiar su habitación. Ella reacciona llorando, quejándose y prometiendo que limpiará su habitación cuando vuelvan. ¿Qué harías tú si fueses su padre?.

a) Como no ha cumplido el trato, la ignoras y te vas sólo. ASERTIVO
b) Te la llevas a comprar con la promesa de que mañana limpiará su habitación. PERMISIVO
c) Calmas a tu hija y le ayudas a limpiar su habitación. SOBREPROTECTOR
d) Te enfadas con tu hija y le castigas sin ver la televisión esa tarde. AUTORITARIO

4. Luisa algunas veces dice palabrotas, pero únicamente cuando está delante de su madre. La madre de Luisa ha explicado a su hija con claridad, lo desagradable que es para ella oír esas palabras. ¿Qué harías tú si fueses su madre?.

a) Le dices: "aunque lo digan tus amigos, no debes decir palabrotas". PERMISIVO
b) Le dices: "Ya verás como te lo vuelva a oír...". AUTORITARIO
c) No le haces caso cuando utiliza esas palabras, y se la prestas cuando no lo hace. ASERTIVO
d) Le das en la boca para que aprenda. AUTORITARIO

5. Quieres que tu hijo se acostumbre a recoger su plato de la mesa. ¿Qué harías?.

a) Piensas que cuando esté preparado lo hará él sólo sin necesidad de que se le enseñe. PERMISIVO
b) Le enseñas a recoger su plato y le dices lo bien que lo ha hecho cuando lo recoja. ASERTIVO
c) Recoges su plato, bastante tiene con ir a clase todos los días. SOBREPROTECTOR
d) Enfadarte cada vez que no recoge su plato. AUTORITARIO

6. Después de recoger a mi hija en el colegio, me gusta charlar un rato con las otras madres, pero mi hija no para de preguntarme cuándo nos vamos o de interrumpirme con cualquier cosa. ¿Qué harías tú?.

a) Dejo la charla para otro momento y nos vamos. PERMISIVO
b) Me enfado con ella y le repito varias veces que estoy hablando. AUTORITARIO
c) La ignoro y sigo con lo mío y cuando para de interrumpirme, le digo que cuando acabe nos iremos. ASERTIVO
d) Suelo evitar entretenerme porque sé que a ella le molesta. SOBREPROTECTOR
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