NIÑOS TÍMIDOS
La timidez, aislamiento o retraimiento social es un problema que suele pasar desapercibido en numerosas ocasiones. Al tratarse de niños callados, tranquilos y nada problemáticos, suele obviarse la existencia de un problema y el hecho de que no causen problemas acaba interpretándose como que no los sufren.Cuando hablamos de niños tímidos solemos encontrarnos con niños reflexivos, con buenos resultados escolares, que prefieren ver jugar a los demás o estar inmersos en sus propios pensamientos a involucrarse en la actividad del resto, etc. De hecho, suelen contar con una grandísima capacidad de introspección, es decir, viven tanto tiempo “metidos” en ellos mismos que controlan y comprenden sus sentimientos y emociones mejor que sus iguales.
No debemos confundir a un niño tímido con un niño deprimido o poco amistoso. En resumidas cuentas, un niño tímido probablemente quiera establecer cierto contacto con las personas que le rodean pero no dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo su propósito. Sin embargo, en el resto de áreas de su vida, aquellas en las que la interacción con los demás no entra en juego, se desenvuelve con normalidad; un niño deprimido o poco amistoso no tiene interés por relacionarse con los demás, de hecho en el caso del niño deprimido el desinterés en generalizado a todo aquello que le rodea.
En su acepción psicológica más clásica, la timidez se utiliza para referirnos a “aquellos niños con un patrón de conducta caracterizado por un déficit acusado en las relaciones interpersonales y una tendencia estable y acentuada de escape o evitación del contacto social con otras personas”.
La timidez no es siempre objeto de preocupación. A ciertas edades es evolutiva y, por lo tanto, está dentro de la normalidad actuar tímidamente. Por ejemplo, el temor a la evaluación de los iguales y la evitación de ciertas situaciones sociales es muy habitual en niñas y niños en plena adolescencia. Normalmente ello no supondrá mayores consecuencias en el futuro y es de esperar que se vaya corrigiendo al entrar a la edad adulta. No obstante, en algunas ocasiones, la timidez puede tener continuidad en trastornos ya más severos como la fobia social o el trastorno de personalidad de evitación.
¿QUE CAUSA LA TIMIDEZ?
Hay muchas teorías explicativas acerca de las causas de la timidez. Desde la corriente cognitivo-conductual se da una importancia especial a aquellas que defienden que la timidez es provocada por una falta de aprendizaje.
La teoría del aprendizaje asume que la timidez o el retraimiento social es fruto de una carencia de este aprendizaje o un aprendizaje incompleto o defectuoso.
Dentro de estas teorías se han utilizado principalmente 2 hipótesis:
1) La teoría del déficit de habilidades: según esta teoría los problemas de los niños tímidos se deben a que no han llegado a aprender las habilidades sociales necesarias para iniciar o mantener relaciones sociales.
2) La teoría de interferencia: esta segunda teoría afirma que hay niños que a pesar de disponer de las habilidades necesarias para establecer relaciones sociales, no son capaces de ponerlas en práctica porque algún factor emocional puede estar interfiriendo. El temor, la ansiedad, el miedo, las autoverbalizaciones negativas, las creencias irracionales, la baja autoestima, etc., son algunos ejemplos de estos factores emocionales interfirientes.. Es importante conocer exactamente estos factores internos para poder ayudar eficazmente al niño tímido.
¿COMO PODEMOS DETECTAR LA TIMIDEZ?
Algunas señales claras para no pasar por alto problemas de timidez entre los más pequeños son las siguientes:
1-Déficit o carencia de conductas interactivas: esto es debido a un escaso repertorio en habilidades sociales. El niño tiene problemas para relacionarse con iguales o adultos. No participa ni pregunta en clase, le cuesta iniciar conversaciones con otros niños o tomar la iniciativa en cualquier actividad. Se muestra reservado y distante. Pueden también estar presentes una pasividad excesiva, aislamiento, baja asertividad, escasa capacidad de expresión emocional, inseguridad, lentitud y sumisión al grupo.
2-Conductas de temor, miedo o ansiedad: este tipo de conductas de ansiedad suele aparecer cuando el niño debe llevar a cabo alguna actividad en presencia de otras personas, las cuáles podrían acabar realizando una evaluación negativa sobre él. Acompañando a estos temores solemos encontrar sensaciones fisiológicas como temblores, rubor, tartamudeo, dolores estomacales, etc. Lo peor es la falta de autocontrol que puede experimentar el niño ante estos episodios, lo que le puede llevar a evitar activamente situaciones concretas.
3-Problemas relativos a su autoestima: el sufrimiento que siente el niño debido a su timidez puede llevarle a desarrollar otros problemas afectivos, desde una baja auto-estima hasta una depresión. Podremos detectar este tipo de problemas a través de verbalizaciones o conductas del niño que nos muestren sentimientos de culpa, indefensión, inseguridad, inferioridad. También pueden darse quejas psicosomáticas (dolores de estomago, mareos, dolor de cabeza, etc.) en algunas ocasiones para evitar las situaciones temidas.
¿COMO PODEMOS “ATACAR” A LA TIMIDEZ?
Antes de nada, es importante que hagamos una pequeña reflexión. Un niño tímido extrañamente llegará a convertirse en el líder del grupo o el alma de la fiesta, y ¡esto no tiene nada de malo!. Es exactamente igual que si tratásemos de convertir en un científico de la NASA a un niño con un coeficiente intelectual bajo.
Como ya hemos mencionado anteriormente, lo importante es que el niño se sienta a gusto consigo mismo y que no se vea limitado a la hora de establecer relaciones sociales con los demás. Siempre que consigamos estos objetivos habremos tenido éxito.
Para lo cual vamos a hacer lo siguiente:
1) Es importante conocer, en primer lugar, en qué punto se encuentra el niño. Hacer una buena evaluación, que nos cuente con detalle cómo se siente y qué dificultades tiene para poder establecer posteriormente unos objetivos parciales adecuados a sus posibilidades.
2) Entrenamiento en habilidades sociales: entrenar con el niño aquellas habilidades sociales, que como comentábamos anteriormente, no ha llegado a aprender. Por ejemplo, cómo acercarse a sus iguales, como iniciar una conversación, etc. Practicar con él cada una de estas habilidades, primero en frío (practicar la habilidad en sí) y luego de manera contextualizada (teniendo en cuenta las circunstancias y poniéndonos en situación).
3) También puede ser de utilidad un entrenamiento en autoinstrucciones.
4) Conforme el niño va estando más capacitado para interactuar con los demás, debemos ir planificando actividades sociales de forma progresiva, empezando por las situaciones de menor dificultad, como un encuentro con un amigo, hasta llegar a las de mayor dificultad, como un cumpleaños con muchos niños.
Es importante que el niño haya superado con éxito cada una de las situaciones planificadas antes de pasar a la siguiente.
5) Podemos utilizar técnicas conductuales para conseguir que el niño se enfrente a las situaciones que teme, entre ellas el modelado, el refuerzo positivo, la economía de fichas, etc.
En concreto, el modelado suele ser bastante efectivo: consiste en utilizar un colaborador de su misma edad que tenga más facilidad para interactuar con los iguales y que le sirva de modelo y de apoyo en estas situaciones sociales.
6) Reestructuración cognitiva: en el caso de que el niño disponga de las habilidades necesarias pero no se atreva a ponerlas en práctica por el hecho de que algún factor emocional esté interfiriendo, deberemos detectar de qué factores se trata, qué pensamientos inadecuados están perjudicando al niño y sustituirlos por otros más adecuados y facilitadores.
7) En algunos casos, puede ser de utilidad realizar un entrenamiento en técnicas de relajación.
8) Conforme vayamos consiguiendo cambios en un ámbito debemos ir generalizando los resultados al resto de ambientes: casa, colegio, actividades extraescolares, etc.
No debemos confundir a un niño tímido con un niño deprimido o poco amistoso. En resumidas cuentas, un niño tímido probablemente quiera establecer cierto contacto con las personas que le rodean pero no dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo su propósito. Sin embargo, en el resto de áreas de su vida, aquellas en las que la interacción con los demás no entra en juego, se desenvuelve con normalidad; un niño deprimido o poco amistoso no tiene interés por relacionarse con los demás, de hecho en el caso del niño deprimido el desinterés en generalizado a todo aquello que le rodea.
En su acepción psicológica más clásica, la timidez se utiliza para referirnos a “aquellos niños con un patrón de conducta caracterizado por un déficit acusado en las relaciones interpersonales y una tendencia estable y acentuada de escape o evitación del contacto social con otras personas”.
La timidez no es siempre objeto de preocupación. A ciertas edades es evolutiva y, por lo tanto, está dentro de la normalidad actuar tímidamente. Por ejemplo, el temor a la evaluación de los iguales y la evitación de ciertas situaciones sociales es muy habitual en niñas y niños en plena adolescencia. Normalmente ello no supondrá mayores consecuencias en el futuro y es de esperar que se vaya corrigiendo al entrar a la edad adulta. No obstante, en algunas ocasiones, la timidez puede tener continuidad en trastornos ya más severos como la fobia social o el trastorno de personalidad de evitación.
¿QUE CAUSA LA TIMIDEZ?
Hay muchas teorías explicativas acerca de las causas de la timidez. Desde la corriente cognitivo-conductual se da una importancia especial a aquellas que defienden que la timidez es provocada por una falta de aprendizaje.
La teoría del aprendizaje asume que la timidez o el retraimiento social es fruto de una carencia de este aprendizaje o un aprendizaje incompleto o defectuoso.
Dentro de estas teorías se han utilizado principalmente 2 hipótesis:
1) La teoría del déficit de habilidades: según esta teoría los problemas de los niños tímidos se deben a que no han llegado a aprender las habilidades sociales necesarias para iniciar o mantener relaciones sociales.
2) La teoría de interferencia: esta segunda teoría afirma que hay niños que a pesar de disponer de las habilidades necesarias para establecer relaciones sociales, no son capaces de ponerlas en práctica porque algún factor emocional puede estar interfiriendo. El temor, la ansiedad, el miedo, las autoverbalizaciones negativas, las creencias irracionales, la baja autoestima, etc., son algunos ejemplos de estos factores emocionales interfirientes.. Es importante conocer exactamente estos factores internos para poder ayudar eficazmente al niño tímido.
¿COMO PODEMOS DETECTAR LA TIMIDEZ?
Algunas señales claras para no pasar por alto problemas de timidez entre los más pequeños son las siguientes:
1-Déficit o carencia de conductas interactivas: esto es debido a un escaso repertorio en habilidades sociales. El niño tiene problemas para relacionarse con iguales o adultos. No participa ni pregunta en clase, le cuesta iniciar conversaciones con otros niños o tomar la iniciativa en cualquier actividad. Se muestra reservado y distante. Pueden también estar presentes una pasividad excesiva, aislamiento, baja asertividad, escasa capacidad de expresión emocional, inseguridad, lentitud y sumisión al grupo.
2-Conductas de temor, miedo o ansiedad: este tipo de conductas de ansiedad suele aparecer cuando el niño debe llevar a cabo alguna actividad en presencia de otras personas, las cuáles podrían acabar realizando una evaluación negativa sobre él. Acompañando a estos temores solemos encontrar sensaciones fisiológicas como temblores, rubor, tartamudeo, dolores estomacales, etc. Lo peor es la falta de autocontrol que puede experimentar el niño ante estos episodios, lo que le puede llevar a evitar activamente situaciones concretas.
3-Problemas relativos a su autoestima: el sufrimiento que siente el niño debido a su timidez puede llevarle a desarrollar otros problemas afectivos, desde una baja auto-estima hasta una depresión. Podremos detectar este tipo de problemas a través de verbalizaciones o conductas del niño que nos muestren sentimientos de culpa, indefensión, inseguridad, inferioridad. También pueden darse quejas psicosomáticas (dolores de estomago, mareos, dolor de cabeza, etc.) en algunas ocasiones para evitar las situaciones temidas.
¿COMO PODEMOS “ATACAR” A LA TIMIDEZ?
Antes de nada, es importante que hagamos una pequeña reflexión. Un niño tímido extrañamente llegará a convertirse en el líder del grupo o el alma de la fiesta, y ¡esto no tiene nada de malo!. Es exactamente igual que si tratásemos de convertir en un científico de la NASA a un niño con un coeficiente intelectual bajo.
Como ya hemos mencionado anteriormente, lo importante es que el niño se sienta a gusto consigo mismo y que no se vea limitado a la hora de establecer relaciones sociales con los demás. Siempre que consigamos estos objetivos habremos tenido éxito.
Para lo cual vamos a hacer lo siguiente:
1) Es importante conocer, en primer lugar, en qué punto se encuentra el niño. Hacer una buena evaluación, que nos cuente con detalle cómo se siente y qué dificultades tiene para poder establecer posteriormente unos objetivos parciales adecuados a sus posibilidades.
2) Entrenamiento en habilidades sociales: entrenar con el niño aquellas habilidades sociales, que como comentábamos anteriormente, no ha llegado a aprender. Por ejemplo, cómo acercarse a sus iguales, como iniciar una conversación, etc. Practicar con él cada una de estas habilidades, primero en frío (practicar la habilidad en sí) y luego de manera contextualizada (teniendo en cuenta las circunstancias y poniéndonos en situación).
3) También puede ser de utilidad un entrenamiento en autoinstrucciones.
4) Conforme el niño va estando más capacitado para interactuar con los demás, debemos ir planificando actividades sociales de forma progresiva, empezando por las situaciones de menor dificultad, como un encuentro con un amigo, hasta llegar a las de mayor dificultad, como un cumpleaños con muchos niños.
Es importante que el niño haya superado con éxito cada una de las situaciones planificadas antes de pasar a la siguiente.
5) Podemos utilizar técnicas conductuales para conseguir que el niño se enfrente a las situaciones que teme, entre ellas el modelado, el refuerzo positivo, la economía de fichas, etc.
En concreto, el modelado suele ser bastante efectivo: consiste en utilizar un colaborador de su misma edad que tenga más facilidad para interactuar con los iguales y que le sirva de modelo y de apoyo en estas situaciones sociales.
6) Reestructuración cognitiva: en el caso de que el niño disponga de las habilidades necesarias pero no se atreva a ponerlas en práctica por el hecho de que algún factor emocional esté interfiriendo, deberemos detectar de qué factores se trata, qué pensamientos inadecuados están perjudicando al niño y sustituirlos por otros más adecuados y facilitadores.
7) En algunos casos, puede ser de utilidad realizar un entrenamiento en técnicas de relajación.
8) Conforme vayamos consiguiendo cambios en un ámbito debemos ir generalizando los resultados al resto de ambientes: casa, colegio, actividades extraescolares, etc.




