martes, 15 de diciembre de 2009

INSOMNIO INFANTIL


Cómo conseguir que los niños duerman bien es un tema que preocupa mucho a los padres que sufren este problema. La cantidad de intentos fallidos, de estrategias puestas en marcha sin éxito y las horas de sueño perdidas son razones más que suficientes para entenderlo.

Estos niños con dificultades para dormir padecen un trastorno del sueño llamado insomnio infantil o insomnio por hábitos incorrectos, cuyas características podemos resumir en:

- Dificultades para iniciar el sueño solo.
- Múltiples despertares nocturnos.
- Sueño superficial.
- Duermen menos horas de las habituales para su edad.

La gravedad de este trastorno radica en las graves consecuencias que desencadena, tanto en el niño como en los padres. Entre estas consecuencias podemos encontrar, a grandes rasgos, irritabilidad, somnolencia, inseguridad y problemas para relacionarse.

Teniendo en cuenta el deterioro físico y psicológico que puede llegar a ocasionar, es importante ponerle solución lo antes posible.

Nos encontramos ante un problema bastante frecuente entre la población infantil. Hasta un 35% de los niños menores de 5 años sufre este tipo de alteración.


BREVE EXPLICACIÓN TEÓRICA

Los seres humanos nos movemos por ritmos biológicos. Un ritmo biológico es la repetición sistemática de un tipo de actividad que realiza nuestro organismo, por ejemplo, dormir- estar despierto, dormir- estar despierto.

Los recién nacidos tienen un ritmo biológico que oscila entre las 3 y las 4 horas: se despiertan, les lavan, comen y duermen. Una vez acaban un ciclo empiezan otro exactamente igual. A este tipo de ciclos se les llama ciclos ultradianos y se repiten varias veces en un mismo día.

A partir del tercer o cuarto mes de vida los niños empiezan a alargar progresivamente su ritmo biológico hasta llegar, alrededor de los seis meses, al ritmo biológico propio de los adultos. Este nuevo ritmo biológico se llama ciclo circadiano (cerca de un día) y tiene lugar cada 24 horas.

Este cambio se produce gracias a un grupo de células del cerebro humano que funcionan como un reloj. El objetivo de este reloj es lograr que todas las necesidades de la persona se adapten al ritmo biológico de 24 horas, que es el ritmo solar.
Hasta en 70% de los niños cambia de ciclo sin dificultad gracias a este reloj, sin embargo, el 30% restante necesita pequeños estímulos que le ayuden a “dar cuerda” al reloj.


RECOMENDACIONES PREVIAS

Algunas recomendaciones importantes a tener en cuenta antes de poner en marcha el tratamiento son las siguientes:

• Descartar problemas médicos: otitis, intolerancia a la leche, reflujo, problemas psicológicos o psiquiátricos. Una vez el pediatra ya nos ha asegurado que no hay ninguna enfermedad, pondremos en marcha el tratamiento psicológico.

• Enseñar a dormir a un niño consiste en enseñarle a realizar un hábito. A dormir se aprende exactamente igual que a leer, a comer, etc. Como con cualquier aprendizaje, habrá niños que aprendan antes y otros que tengan un poco más de dificultad, pero tarde o temprano todos aprenden, incluso los más nerviosos.

• Los padres, hermanos, abuelos, canguros, etc., que vayan a tomar parte en el momento de llevar al niño a la cama deben mentalizarse y coordinarse antes de empezar. Si no actuamos ciñéndonos a las normas el fracaso es muy previsible.

• Vamos a deshacernos desde “ya” de los sentimientos de culpabilidad o inutilidad que tengamos por no conseguir que nuestro hijo duerma. Nadie nos ha enseñado a enseñarles, valga la redundancia.


TRATAMIENTO

El tratamiento que vamos a aplicar se conoce como Método Estivill. Lleva el nombre de su creador, el Doctor Eduard Estivill, pediatra especialista en el tema de las alteraciones del sueño, que investigó y elaboró el plan de acción que vamos a explicar a continuación.
Es importante conocer el siguiente dato alentador sobre la eficacia de este método. Hasta un 96% de los padres que lo han llevado a cabo rigurosamente ha conseguido que sus hijos duerman de la manera correcta en pocos días.

Antes de desarrollar cómo vamos a enseñarle al niño el hábito del sueño propiamente dicho, nos encontramos con dos pasos previos que van a ser importantes para que el trabajo posterior se vea facilitado.

1) En primer lugar, tendremos que reforzar el contraste entre:
- Luz y ruido, propios del día y de la vigilia.
- Oscuridad y silencio, propios de la noche y del sueño.
Durante el sueño nocturno sí que dejaremos la habitación del niño a oscuras y trataremos de no hacer ruido, pero durante las siestas diurnas no bajaremos las persianas ni andaremos de puntillas por la casa, actuaremos con normalidad.

2) En segundo lugar, nos ayudaremos de las comidas que anuncian la hora de ir a dormir, tanto en las siestas como en el sueño de la noche.

3) En tercer y último lugar, procederemos a enseñarle al niño el hábito del sueño, que consiste en que aprenda a conciliar el sueño por sí mismo. Para conseguir este propósito seguiremos los siguientes pasos:

a. Asociaremos unos elementos externos al hábito del sueño y repetiremos siempre la misma asociación. Estos elementos externos acompañarán al niño durante todo el tiempo que esté en la cuna o cama, por lo que pronto asociará estos elementos al momento de dormir y acabarán resultándole imprescindibles para dormirse. Entre estos elementos externos podemos encontrar, por ejemplo,:

- un peluche, al que le daremos un nombre sencillo para que el niño lo identifique con facilidad,
- el chupete, si el niño lo sigue utilizando,
- un móvil de muñequitos o de figuritas,
- algún póster con una imagen relacionada con el sueño, por ejemplo un niño en pijama con su peluche,
- una manta con dibujitos,
- otros.

Los padres van a ser los encargados de buscar estos elementos externos que deberán acompañar al niño durante toda la noche por si los necesita en caso de despertarse durante la misma. Por esta misma razón, los padres no pueden ser un elemento externo, ya que si el niño se despertara de repente durante la noche los necesitaría para volver a dormirse, y esto es precisamente lo que queremos evitar: el niño tiene que aprender a dormirse solo.
Siguiendo con este razonamiento, tampoco sería aconsejable cantarle al niño, mecerlo en la cuna o en brazos, darle la mano, etc, porque estas acciones requieren de la presencia de los padres y tendríamos, por tanto, el mismo problema: os convertiríais en un elemento externo.

b. Adoptar una actitud firme y segura.
El niño no puede ver duda o inseguridad en sus padres a la hora de aplicar el método. Los padres deben mostrarse totalmente seguros a la hora de llevar a cabo cada uno de los pasos.
Teniendo en cuenta los porcentajes de éxito de este método deben estar tranquilos y convencidos de que funcionará, siempre y cuando lo apliquen rigurosamente. Deben ceñirse completamente a las normas y confiar en el procedimiento. El niño notará esta firmeza y seguridad de los padres y entenderá que la época en que sus padres cedían ante sus demandas inadecuadas a la hora de irse a la cama ha terminado.

c. Fijaremos unos horarios para enseñar el hábito al niño paso a paso:

1. Está comprobado que el cerebro de un niño concilia el sueño con mayor facilidad si le enseñamos a dormir en la franja horaria que va entre las 20 y las 21 horas en invierno y las 21 y las 22 en verano, por lo tanto nos organizaremos en función de esta regla.

2. Le daremos la cena al niño sobre las 20 horas, para aprovechar lo citado anteriormente acerca de que las comidas preceden al sueño.

3. Tras la cena, procederemos al hábito de la afectividad, que consiste en disfrutar durante diez minutos de la compañía de nuestro hijo, compartiendo con él alguna actividad relajante y agradable como leerle un libro, jugar a algo tranquilo, cantarle una nana, etc. (esto lo haremos, preferentemente, en una habitación diferente a la de dormir). De esta manera, el niño estará seguro del afecto que le tienen sus padres y no dudará de él cuando empiece el mal rato de irse a la cama.

4. Pasados estos diez minutos, le llevaremos a la cama, le pondremos el pijama y le enseñaremos todos los elementos externos que le hemos preparado.

5. Le tumbaremos en la cama, le daremos la mano unos segundos y le diremos en voz alta, con serenidad y dulzura: “Cariño, papá y mamá te van a enseñar a dormir solito. A partir de hoy dormirás aquí, en tu cuna, con tu peluche, el móvil, el póster, etc.”. Este primer mensaje debe durar alrededor de 30 segundos, por lo que lo repetiremos una y otra vez hasta agotar el tiempo.

6. Durante este rato no responderemos a ningún comentario o acción del niño, a pesar de que éste intente llamar nuestra atención con llanto, rabietas, preguntas, etc. Es lógico que trate de conseguir el mismo trato y la misma atención que tenía hasta el momento pero no podemos ceder.

7. Entonces, apagaremos la luz y saldremos de la habitación. Si el niño no se ha calmado pasado un minuto exacto volveremos a entrar en la habitación, le pondremos la mano encima y le repetiremos el mismo mensaje durante apenas diez segundos. Hay que tener en cuenta que no entramos para que el niño se calle o se duerma, sino para que sepa que no le abandonamos, que nos preocupamos por él.

8. Las visitas se repetirán cada vez que sean necesarias. Las tres primeras serán al minuto, a los tres minutos y a los cinco minutos respectivamente, y a partir de aquí entraremos cada 5 minutos las veces necesarias hasta que el niño se calme.

9. Si se despierta durante la noche y reclama nuestra presencia, actuaremos de la misma manera que acabamos de explicar: entraremos, le pondremos la mano encima para tranquilizarle, le diremos el mensaje y saldremos de la habitación. En caso de que no se calme procederemos a las visitas con sus intervalos correspondientes.

Si hemos cumplido cada uno de los pasos expuestos y no hemos cedido ante las conductas de llamada de atención del niño, éste tardará alrededor de una semana en aprender a dormir adecuadamente. No hay que olvidar lo que hemos comentado al principio acerca de que hay niños más rápidos y otros algo más lentos, pero todos acaban aprendiendo. Con cariño, dedicación y mucha, mucha paciencia conseguiremos enseñar el hábito del sueño a nuestro pequeño. ¡Animo!



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